domingo, 7 de junio de 2015

Un país y a bailar, El Viajero

Frente a ciudades tan inacabables y maravillosas como Buenos Aires o México DF, tan llenas de historia y encanto como La Habana o Quito, otras urbes de América Latina se nos desdibujan entre el imaginario de los destinos apetecibles. Bogotá es un descubrimiento, un lugar tan vivo, mutante y mágico, un organismo tan imprevisible, que los especialistas de Google Maps llegaron, analizaron y desistieron. Como en La juguetería errante, de Edmund Crispin, los puntos de referencia cambian continuamente. Las máquinas se desconciertan. Invulnerable al panóptico, la ciudad, si no fuese por los trancones —embotellamientos—, se escurriría desde sus cerros verdísimos: unos, como Monserrate, muy religiosos; otros heridos por poblados de invasión o por selectas construcciones con ventanales que buscan la luz difícil de la ciudad. Bogotá se camufla bajo sombras proyectadas desde un cielo de nubes y claros.

http://elviajero.elpais.com/elviajero/2015/04/01/actualidad/1427888007_108198.html

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