Frente a ciudades tan inacabables y maravillosas como Buenos Aires o
México DF, tan llenas de historia y encanto como La Habana o Quito,
otras urbes de América Latina se nos desdibujan entre el imaginario de
los destinos apetecibles. Bogotá es un descubrimiento, un lugar tan
vivo, mutante y mágico, un organismo tan imprevisible, que los
especialistas de Google Maps llegaron, analizaron y desistieron. Como en La juguetería errante,
de Edmund Crispin, los puntos de referencia cambian continuamente. Las
máquinas se desconciertan. Invulnerable al panóptico, la ciudad, si no
fuese por los trancones —embotellamientos—, se escurriría desde sus
cerros verdísimos: unos, como Monserrate, muy religiosos; otros heridos
por poblados de invasión o por selectas construcciones con ventanales
que buscan la luz difícil de la ciudad. Bogotá se camufla bajo sombras
proyectadas desde un cielo de nubes y claros.
http://elviajero.elpais.com/elviajero/2015/04/01/actualidad/1427888007_108198.html
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